El Blog de Palmeras Coves

Toda la actividad de nuestro vivero, la actualidad sobre palmáceas y el pasado y presente del palmeral de Elche.



Palmeras de Elche, ¿son autóctonas?

No existen dudas sobre el origen del Palmeral de Elche, cuya actual configuración responde al oasis creado por los fundadores islámicos de la moderna Ilici. Sin embargo, no es tal la certeza en cuanto a la procedencia de las palmeras que lo conforman.

Tradicionalmente se ha asumido la procedencia norteafricana de nuestras palmeras, es lógico pensar que los primeros moradores bereberes trajesen consigo ejemplares de aquellas variedades apreciadas por la calidad de sus frutos, también parece natural que hubiesen importaciones anteriores, por parte de comerciantes griegos y sobre todo fenicios; dátiles, pasas, higos secos, aceitunas,… llevarían mucho de eso en sus barcos, más que como objeto de comercio, que también, como sustento de la tripulación, y seguro que además fomentarían en sus colonias, la producción de estas frutas para el avituallamiento de las naves. Siempre se admitió ese origen y nunca habíamos vacilado en nombrar a nuestras palmeras como Phoenix dactylifera, en latín, que quiere decir palmera que produce dátiles, aunque todos sabemos que datileras, lo que se dice datileras, solo hay unas cuantas dispersas por todo el palmeral.

Cerámica ibérica pintada representando una palmera, encontrada en el yacimiento ibérico de La Alcudia (Elche-España)

Pero lo que siempre resultó desconcertante para muchos, son todos esos detalles de nuestra cultura, la actual y la antigua, que inducen a creer que aquí han habido palmeras siempre. El uso de la palmera, o más concretamente, de sus hojas, tan arraigado entre nosotros, parece entroncar en la cultura de los antiguos pueblos ibéricos, y está bien documentado en toda la costa mediterránea española: en pinturas cerámicas, esculturas, numismática,…

Reverso de moneda ibérica mostrando un jinete con palma sobre el hombro, acuñada en la ceca de Saitabi (Játiva-España)) (Elche-España)

La palma ya tenía valor ceremonial entre los íberos y compartía espacio en su catálogo de símbolos junto al caballo, la hiedra, el lobo, delfines o liebres, elementos de cuyo carácter autóctono nadie duda.

Y no hace mucho que empezaron a aparecer, en yacimientos arqueológicos próximos, los restos de palmeras y de sus frutos, asociados a poblamientos de la Edad del Bronce con 3800 años de antigüedad. Es ahora cuando recobra fuerza y sentido el relato de un sabio romano, Plinio el Viejo, que al referirse a nuestras costas y a las palmeras que en ellas crecían, describió sus dátiles ásperos, diferenciándolos de los frutos dulces que se recolectaban en el litoral africano.

Todo esto, junto a diferencias apreciables en la forma de flores y frutos, entre nuestras palmeras y las genuinas datileras del norte de África, hicieron pensar a algunos investigadores en un posible antepasado indígena de todas las palmeras del sureste. Y así, botánicos de la Universidad de Murcia, basándose en ejemplares de poblaciones de palmeras olvidadas en barrancos litorales y ramblas salobres, describieron la Phoenix iberica como nueva especie, para la ciencia claro, porque la palmera de rambla ya era bien conocida por la tradición entre los palmereros, ya que sus flores se han usado con preferencia, para el “macheo” de las datileras destinadas a producción de dátiles.

De modo que, si los investigadores están en lo cierto, la gran mayoría de las palmeras del Palmeral ilicitano, al igual que las de todo el sureste, proceden de la hibridación ente ejemplares de la autóctona palmera de rambla (Ph. iberica) y las exóticas datileras (Ph. dactylifera), traídas a estas tierras por fenicios y árabes.

La teoría está suficientemente fundada, y apoyada además con estudios genéticos, aunque aún no admitida por la comunidad científica internacional, pero eso supongo que es cuestión de tiempo.

Lo cierto es que nosotros, mientras tanto, podemos afirmar que las palmeras de Elche son mestizas, descendientes de madres africanas y padres nativos ibéricos.

Un hecho que, por otra parte, no resulta tan extraño en otras facetas de nuestro acervo cultural y natural.

Corona de Phoenix ibérica mostrando sus hojas e inflorescencias

*Para saber más sobre este tema puedes consultar el excelente artículo sobre la cerámica pintada ibérica, o este libro sobre iconografía ibérica y por descontado, el trabajo inicial de Diego Rivera y colaboradores sobre la palmera de rambla y otros frutales antiguos.

Wagnerianus, miniatura de la Palmera excelsa con gran futuro en jardinería.

Los representantes del género Trachycarpus son palmeras preciosas, tanto desde la perspectiva de quien las disfruta, como desde la visión del jardinero o viverista que ha de cuidarlas y hacerlas crecer.

De todos, la especie más conocida es la llamada comúnmente Palmera excelsa (Trachycarpus fortunei), que se caracteriza por su rusticidad, es decir, por su resistencia a las bajas temperaturas, motivo por el cual es tan popular entre los jardineros del centro y norte de Europa o en los jardines españoles de regiones del interior con inviernos fríos. Sólo se conocen dos especies más rústicas: la Palmera aguja (Rhapidophyllum hystrix) y el Palmito de los pantanos (Sabal minor), pero estas, además de crecer muy despacio, nunca llegan a desarrollar un tronco de más de metro y medio. Sin embargo, un Trachycarpus bien cuidado superará los dos metros en pocos años.

Ejemplares en venta de Trachycarpus wagnerianus de 2 metros de tronco, en el vivero de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

Recientemente está ganando admiradores entre los jardineros una variante de la palmera excelsa, de aspecto más compacto, casi bonsai, con palmas bastante más pequeñas y rígidas que la forma típica y por ello más resistentes al viento y a los daños causados por la nieve y las escarchas. Se trata de la variedad 'Wagnerianus', comunmente conocida como Palma excelsa enana o miniatura.

Trachycarpus wagnerianus para la venta en maceta, en el vivero de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

Es de origen japones, y no es tan nueva entre nosotros pues fue introducida en Europa a mediados del siglo XIX, aunque ha permanecido relativamente oculta en los jardines centroeuropeos hasta nuestro siglo. También se ha discutido sobre si constituye una especie separada de T. Fortunei o hay que considerarla subespecie o variedad de esta, aceptándose finalmente la segunda opción, de modo que hoy debemos nombrarla como Trachycarpus fortunei 'Wagnerianus'.

La Palma excelsa miniatura mantiene todas las cualidades que han hecho tan popular a su especie, como la tolerancia a un rango amplio de temperaturas, que puede llegar a los -17º C de los inviernos centroeuropeos o a los altos valores de humedad de los veranos en las zonas de clima oceánico. E incluso se le atribuyen características superiores en cuanto resistencia a algunas enfermedades comunes en la especie, como la podredumbre de la corona cuando crecen en suelos con drenaje deficiente.

Sin embargo, el rasgo más apreciado de la variedad 'Wagnerianus' es precisamente su cualidad de enana, ya que las hojas más pequeñas, además de mejorar su aspecto estético, confieren a la planta mayor resistencia ante los daños y roturas causados por fuertes vientos, y el peso de nieve o hielo, como ya se mencionó, pero además, su reducido tamaño la hacen ideal para el cultivo en espacios reducidos e interiores, a condición de que estén bien iluminados, eso sí.

Por su gran resistencia y forma compacta, Trachycarpus fortunei 'Wagnerianus' es el mejor candidato para ocupar el espacio de las palmáceas de mediano porte en aquellos jardines europeos donde otras palmeras no sobreviven. Además, y ya que supera en muchos aspectos a las demás variedades de su especie, está destinado a substituirlas y se ha de convertir a medio plazo en una de las palmeras más frecuentes en nuestros jardines de clima continental.

Por último, hay que añadir que 'Wagnerianus' tiene un crecimiento algo más lento que T. fortunei, y esto parece dotarle de un extra en rusticidad, ya que existen testimonios de ejemplares adultos que han soportado mínimas invernales de -20º C durante 3 años consecutivos.


Corona foliar de Trachycarpus wagnerianus en vista cenital, mostrando las hojas más pequeñas y redondeadas. Foto tomada en el vivero de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

Comprar palmeras para el jardín, 3 consejos para elegir bien.

Decorar el jardín es todo un arte, seleccionar y combinar las plantas, palmáceas, grandes árboles, arbustos; distintas alturas, formas, colores, aromas. También piedras, gravas, muebles,... Pero a diferencia de los elementos inertes, las plantas requieren unas condiciones específicas para vivir y esto es ignorado frecuentemente por los diseñadores poco expertos.

Un mes después de la primera fotografía de nuestro flamante jardín nos damos cuenta de que las plantas sólo estuvieron quietas en aquella primera pose. Luego han seguido evolucionando a su antojo.

Ejemplares de Washingtonia robusta con tronco tumbado y curvo, a la venta en los viveros de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

Más allá de la primera foto que sacamos de nuestro jardín recién implantado, sólo unas semanas más allá, empiezan a manifestarse las exigencias de nutrición de nuestras plantas, tan variopintas como lo fue nuestra selección inicial de especies, por no hablar de los diferentes ritmos y hábitos de crecimiento, la competencia entre ellas, las enfermedades, los insectos, lo que no son insectos, ... En definitiva, una buena elección previa de variedades es fundamental para que nuestra obra evolucione con salud y armonía. Hoy nos dedicaremos a las palmáceas y a los detalles que debemos observar en el momento de diseñar el jardín, pues no solo el precio es importante a la hora de comprar palmeras.

Primero, elegir la especie

Cada especie tiene sus características distintivas y propias. La forma y amplitud de la corona de hojas, el tipo de estas, que pueden ser palmeadas de limbo redondeado como (Washingtonia robusta) o bien pinnadas con el limbo alargado como (Phoenix canariensis). La densidad de las hojas nos dará una idea del tipo de sombra que proporcionará, si es eso lo que buscamos. Podemos encontrar especies de hojas con espinas en la base o sin ellas como (Trachycarpus fortunei), por ejemplo.

Base del tronco cepillado de una gran palmera Washingtonia en los viveros de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

Es del todo fundamental conocer el porte que pueden llegar a adquirir, y su ritmo de crecimiento. Algunas palmeras como (Washingtonia filifera) suelen engrosar bastante en su base a partir de los primeros 3 o 4 años, y podrían darnos algún quebradero de cabeza si no tuvimos en cuenta este aumento de calibre.

Segundo, saber su edad

Dicho así parecería que es fácil, pero la verdad es que es imposible conocer la edad de una palmera sin la referencia de cuándo fue plantada. Este dato lo podemos obtener en el caso de comprar nuestra palmera en viveros, siempre que no se trate de un ejemplar de “recuperación” (se llama así a las plantas que han sido extraídas ya adultas de cualquier otro lugar, para continuar su cría en el vivero). Las palmáceas no presentan anillos de crecimiento, así que no podemos aplicar ese método de datación como hacemos con los árboles. Además, como casi todos los vegetales, tienen un crecimiento acompasado a los factores ambientales, de manera que una palmera bajo condiciones de sequía persistente, puede ralentizar su crecimiento a niveles cercanos a la vida en latencia durante muchos años, esto es muy común en nuestras palmeras datileras (Phoenix dactylifera).

Por este motivo, el tamaño de la palmera no es significativo para datar su antigüedad, ni su altura, ni el calibre de su tronco cuando ésta es joven. Lo que sí parece cumplirse es que el crecimiento de las palmáceas es relativamente lento hasta que alcanza el grosor del tronco definitivo, y a partir de ese momento comenzará a crecer en altura a un ritmo más rápido que en sus primeros años.

Cuando compramos palmeras jóvenes, es importante informarse, más que de la edad, de si ésta ha alcanzado ya el diámetro de tronco característico de su especie.

Y tercero, chequear su salud

Aunque los viveros de palmeras españoles y aún más los del Campo de Elche, tienen calidad acreditada, y sería impensable que pusiesen en venta ejemplares enfermos, la posibilidad de despiste o error siempre existe y nunca está de más hacer unas comprobaciones mínimas que nos garanticen el buen estado sanitario de nuestra compra.

Debemos comprobar que las hojas jóvenes que emergen en el centro de la corona, tienen un color verde similar, o preferiblemente más intenso, que el resto de las hojas desarrolladas. Además debemos prestar atención a cualquier signo de defoliación o márgenes mordisqueados que denoten la presencia de insectos parásitos. Atentos también a manchas o moteados en las hojas, pueden ser el efecto de enfermedades causadas por hongos.

Cepellón desnudo de un gran palmera Washingtonia mostrando las raíces jóvenes, en los viveros de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

El estado de las raíces es súmamente importante, y determinará en gran medida las posibilidades de éxito tras el trasplante a su lugar definitivo en nuestro jardín. Éstas deben ser turgentes y quebradizas, de color claro, blanco marfil, debemos desconfiar de raíces blandas o de color pardo u oscuro en su interior, lo cual es síntoma de podredumbres originadas por hongos.

Una buena práctica para comprobar la calidad de las raíces, es retirar el contenedor de la planta y examinar el cepellón. Si esto no fuese posible, siempre podremos escarbar un poco en la superficie del sustrato hasta llegar a las raíces, que en las palmeras sanas suelen emerger al exterior, y comprobar su estado de salud. Unas raíces vigorosas y en pleno crecimiento, son garantía de rapidez de arraigo y adaptación al nuevo medio donde serán trasplantadas.

Si la palmera que vamos a comprar no es muy grande o pesada, no debemos temer a intentar levantarla asiéndola del tronco o agarrando varias hojas a la vez. Esto no le hará daño a la palmera, si está bien enraizada y por tanto apta para la venta, en caso contrario lo sabremos de inmediato.

Siguiendo estas tres consideraciones, es posible comprar una palmera con la tranquilidad de haber hecho todo lo posible para una correcta elección. Ahora sólo queda el trasplante, y de los cuidados posteriores que reciba dependerá que esta tenga un crecimiento adecuado y luzca espléndida en nuestro jardín.


Palmito (Chamerops humilis) de varios troncos, en venta en los viveros de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

El Picudo remite pero la Oruga barrenadora avanza

Su nombre científico es Paysandisia archon y en su estado adulto es una mariposa que se puede ver durante los días de verano en las zonas donde haya palmeras infestadas. Originaria del sur de América, habita en regiones de Argentina y Uruguay alimentándose de palmeras de bajo y medio porte del género Trithrinax.

Paysandysia archon

Es, junto al picudo rojo, una de las dos plagas-azote de las palmáceas mediterráneas, introducidas ambas a finales del pasado siglo.

Fue detectada en nuestros palmerales en 2001, tres años antes que “el picudo”, pero su presencia ha sido frecuentemente eclipsada, y a veces confundida, por la virulencia y espectacularidad de los efectos que el picudo rojo produce en las grandes palmeras.

Larva de Paysandisia archon en el interior de su galería

Las mariposas depositan los huevos en el cogollo de las palmeras, de los que eclosionan las larvas, que alcanzarán 10 centímetros de longitud en su máximo desarrollo, y son las que provocan los daños al alimentarse de los tejidos tiernos del tronco y hojas. Las preferencias de las mariposas por palmeras de porte bajo, hacen de los Palmitos Chamaerops humilis y Palmeras excelsas Trachycarpus fortunei sus presas principales en nuestra geografía.

Las recientes prospecciones realizadas en el palmeral histórico de Elche, revelan que aproximadamente 9 de cada mil palmeras están afectadas por algún barrenador, y que de cada cuatro infestaciones, 3 corresponden al picudo y 1 a la Paysandisia. Lo que supone un avance considerable de esta última..

Larvas y crisálidas de Paysandisia archon

Los métodos de control, son similares a los del Picudo rojo, y se hacen prioritarios los tratamientos preventivos y las revisiones periódicas con el fin de detectar la paga antes de que el daño sea irreparable.


Corona foliar de Chamaerops humilis en vista cenital, totalmente sana y libre de plagas. Foto tomada en el vivero de Palmeras Coves, Elche (Alicante)

Enfermedades fúngicas en las palmeras de jardín

De las enfermedades de las palmeras, son aquellas causadas por los hongos las más comunes, otros agentes microscópicos como virus y bacterias también pueden infectarlas, pero son más raros y nos ocuparemos de ellos en otra ocasión.

Para entender mejor porqué los ataques por hongos son tan frecuentes en nuestras palmeras, nada mejor que citar un dicho popular:

“Las palmeras aman tener la cabeza en el fuego y los pies en el agua”

Vazquez-Figueroa, en Tuareg.

Y es que ese ambiente, cálido y húmedo, en que la palmera se desenvuelve a gusto, es precisamente el medio preferido para la mayoría de los hongos. Vamos a mencionar las principales enfermedades fúngicas que afectan a las palmeras en nuestros jardines bajo clima mediterráneo:

Palmera canaria (Phoenix canariensis) afectada por Fusarium oxiosporum
Hoja de palmera con síntomas de infección por Furariun oxiosporum

Marchitez. Causada por el hongo Fusarium oxiosporum, afecta la palmera canaria y a las datileras (Ph. canariensis y Ph. dactylifera) y es una de las enfermedades más graves y letales que estas especies pueden contraer. La enfermedad se manifiesta por un marchitamiento de las hojas externas que avanza hacia el centro hasta que la palmera muere. Al principio de la infección, es frecuente observar hojas con marchitamiento en uno sola de sus mitades a lo largo, quedando los foliolos de la mitad opuesta totalmente verdes.

Podredumbre rosa. Causada por el hongo Nalanthamala vermoesenii, un hongo oportunista que afecta a palmeras debilitadas por una anterior enfermedad o por estrés tras el trasplante. La podredumbre rosa está muy asociada a la Palmera de California (Washingtonia filifera), pero también afecta a otras Washingtonias y a la Palmera real (Syagrus romanzoffianus). Los primeros síntomas aparecen en las hojas viejas, como manchas en el raquis que producen exudación. La podredumbre avanza hacia la base de las hojas en la unión con el tronco, donde el hongo fructifica y produce con aspecto pulverulento rosado.

Podredumbre rosa causada por el hongo Nalanthamala vermoesenii en una hoja de palmera
Palmera canaria (Phoenix canariensis) afectada por el hongo patógeno Tielaviopsis paradoxa

Podredumbre negra del corazón. Esta enfermedad letal afecta principalmente a la Palmera canaria, y algo menos a la Palmera datilera. El hongo responsable es Thielaviopsis paradoxa. La infección es difícil de detectar en sus primeros estadios, pues se localiza en el interior del tronco produciendo la podredumbre de los tejidos centrales hasta que este colapsa debido al peso de la corona.

Falsa roya. Esta enfermedad fúngica es frecuente en Palmera canaria y en Plamera datilera y afortunadamente es difícil que cause la muerte del individuo infectado, aunque con toda seguridad le restará vigor y esplendor si no tratamos convenientemente para eliminar el hongo. La produce el hongo llamado Graphiola phoenicis y se manifiesta como manchas amarillentas en las hojas con pequeñas pústulas de color crema. Desprenden un polvillo negro que recuerdan a las royas.

Hoja de Palmera datilera (Phoenix dactylifera) afectada por el hongo patógeno Graphiola phoenicis

Distinguir entre Washingtonia filifera y robusta, ... o filibusta

Estas dos palmeras de abanico, como las llaman en sus respectivas zonas de origen, han sido cultivadas en nuestro país durante mucho tiempo y son especialmente comunes en nuestro paisaje urbano, en parques, redondas y avenidas.

La palmera de abanico californiana (Washingtonia filifera) y la mexicana (Washingtonia robusta), aunque de apariencia y requerimientos de cultivo claramente distintos, coexisten tanto en nuestro paisaje como en los viveros donde no les faltan oportunidades de hibridar entre ellas, y de hecho, dada su proximidad genética, lo hacen con gran facilidad.

El resultado es que en la actualidad es difícil encontrar en los viveros ejemplares puros de una de las dos especies, la mayoría de las Washingtonias que se cultivan hoy día, resultan ser híbridos con caracteres intermedios entre sus dos parentales. La nueva especie híbrida ha sido nombrada como Washingtonia x filibusta Hort. ex Hodel.

Las características de la nueva especie son, según la descripción resumida de Hodel:

“Semejante e intermedia a ambos padres. Se diferencia de W. filifera en la forma más esbelta del tronco; corona más pequeña y densa; hojas verdes más brillantes con un pequeño parche de pilosidad blanca en zona de unión entre el peciolo y la hoja; e inflorescencias más cortas. Diferente de W. robusta en su tallo más robusto no abruptamente ensanchado en la base; la corona más grande y expansiva; hojas más grandes pero más ligeras de color verde natural, e inflorescencias más largas.”

La tabla siguiente sintetiza las diferencias y similitudes entre las tres especies

Tabla de diferencias y similitudes entre las especies de Washingtonia robusta, W. filifera y su híbrido W. filibusta

Y como una imagen vale más que mil palabras, a continuación se muestra una fotografía de D.R. Hodel donde se pueden apreciar las diferencias mencionadas. Las 4 palmeras visibles corresponden de izquierda a derecha a: W. x filibusta, W. filifera, W. robusta y W. filifera.


Imagen donde se aprecian las similitudes y diferencias entre las especies de Washingtonia robusta, W. filifera y su híbrido W. filibusta
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